Tonadas, murga, carros lujosos, sancocho, torrejitas y chicharrón, huele a carnaval pero todavía no llega, es el Desfile de las Mil Polleras, una de las actividades que cada año en Panamá atraen a muchísimos espectadores y a otras personas como yo que le encanta esta celebración.

Mi travesía inició así: Después de buscar alojamiento por todos los sitios conocidos, me encontré con una amiga que es couchsurfers, su casa quedaba en Peña Rodá, un poco en las afueras pero lo suficiente para no sentirse asfixiada por las multitudes que asisten al desfile.

¿Cómo es el ambiente o qué esperar?

El sol estaba en su apogeo, es decir de los más caliente, por las calles iban y venían empolleradas de todas las edades, hombres encutarrados, todos  con sus sombreros pinta’o y en una que otra esquina se formaba los tamboritos. 

El ambiente era de fiesta. A pesar de la multitud de personas y  calles angostas. El lugar y todo lo que sucede te contagia conozcas o no del folclor o de Las Tablas.  Y así iba cada delegación con su reina empollerada, su tuna y el repique del tambor, el acordeón y la cantalante, “ouewwwee”, se escuchaba.  

Anocheció y se veía a la gente más relajada, en los balcones las polleras al natural, fotos por todas partes y baile. Con la caída del sol, la iglesia de Santa Librada encendió sus luces, las conversaciones sobre las reinas del carnaval de Calle Abajo y la de Calle Arriba y cada quien con su tuna (conjunto de personas o comparse que acompaña a a reina). 

De un momento a otro el cielo se iluminó y empezaron los fuegos artificiales, el festival llegaba a su final, pero no así los toldos de baile.

Y todo el mundo se fue para su fonda favorita y reinó el sancocho.

Para entender más sobre las reinas de Panamá recomiendo el documental llamado Reinas de Ana Endara, “una exploración crítica y a la vez afectuosa de un fenómeno nacional de mucha tradición.”

Reinas from Ana Endara Mislov on Vimeo.