Nos fuimos las dos de vacaciones, mamá e hija a Portobelo, al caribe, momento especial para compartir como mamá e hija en otro escenario.

Al llegar a la casa en donde nos hospedaríamos no había luz, no encontraba el generador, así que se me ocurrió la idea de ir a preguntar al vecino, pero resultó que no estaba, y lo que encontramos fueron dos amigas perrunas con ladrido intimidante.

Ambas eran como dos vacas, grandes y robustas.

Mientras se nos acercaban, le dije a Rebekah que actuara tranquila  y que camináramos despacio para alejarnos.

No había nadie más a quien decirle: “¡Hola, ¿puede llamar a los perros!?”

De regreso a la casa se me ocurrió fijarme en el medidor que estaba afuera: ahí estaba la respuesta para tener luz, menos mal porque estábamos del otro lado de la costa. No me imaginaba pasar la noche a oscuras y en una isla.

Y así, termino nuestra aventura: la tarde vino y así también nuestras vecinas, esta vez dispuestas a ser nuestras compañeras de juego durante ese momento y el resto de los días.

Rebe y yo tuvimos un momento único, mar, aventura, charlas y dos amistades que extrañaremos.

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