El Metro de Panamá le ha dado una mejor calidad de vida a los panameños, me decía la señora que estaba sentada a mi lado. Aquí me encuentro viajando hacia la única terminal de transporte de la ciudad: La Terminal de Transporte de Albrook. De aquí parten todos los buses, incluso los que van por toda Centroamérica.

La Terminal, parece un hormiguero por la cantidad de transeúntes que van y vienen de todas partes del país. Acá me dirigí a tomar el autobús para partir hacia la provincia de Bocas del Toro, y así conocer su archipiélago, el viaje duraría 10 horas.

El bus arrancó, más de la mitad éramos turistas, cruzó el Puente de las Américas, que de tamaño se ha quedado pequeño, y después de un viaje nocturno, ya estaba en Puerto Almirante en Bocas del Toro, donde parten las lanchas hacia el archipiélago –en el trayecto se puede ver contenedores con el logo de Chiquita Brands, en la época llamada United Fruits Company,  compañía dedicada al oro verde, que es como se le conoce al banano, que fue la principal fuente de empleo de la provincia y una de la razones por la que muchos jamaiquinos emigraron a Bocas del Toro.

Cuando llegué a Isla Colón, la más grande del archipiélago y en donde se concentran la mayoría de los restaurantes, bares, tiendas de ropa playera y locales de hospedaje, el clima era nublado, muy pronto me confesarían uno de los primeros secretos: ¡el clima es impredecible! , al pasar algunas horas, y después de una empanada como desayuno, el cliché paradisiaco y caribeño, era realidad y el ambiente en la isla empezaba a calentarse.

Para explorar isla Colón lo más favorable es: alquilar una bicicleta. Mientras pedaleaba el paisaje era de: casas de diseño caribeño: pintadas con colores vibrantes y tropicales, todas con un pequeño muelle, mientras que, en las calles, surfers locales y extranjeros se pasean con sus tablas de surf, niños juegan, perros rottweiler duermen muy relajadamente y no falta la tienda del chino.

Hay quienes sienten que estando en Boca Town, es como si fuese Jamaica, y lo cierto es que, parte de la población bocatoreña es descendiente de afroantillanos provenientes de las islas del Caribe de habla inglesa y francesa, pero también hay una fuerte presencia de la comunidad china, y también de los habitantes originarios, los indígenas Ngäbe, Buglé.

“Un descanso en Bocas del Toro incluye disfrutar de una cerveza en una terraza sobre el mar, y quizás tirarse a nadar.”

Al siguiente día:

La isla elegida por su cercanía fue Carenero, un taxi lancha que es como se les conoce hace la travesía que no dura más de 10 minutos.

Aquí las propuestas de hospedaje son más al ritmo de la naturaleza y se siente el ambiente de reggae y de surfistas. Un sendero acompañado de palmeras y algunos árboles, rodea la mayor parte de la isla y se puede entrar a nadar en cualquier sitio, me encantó su estilo de isla encantada y la tonalidad del mar: azul, verde y celeste.

Sentada en un restaurante, se acercó Olmedo, quien se dedica a manejar las lanchas de los tours, me explicó resumidamente la vida en Bocas, me habló de comida y cómo la leche de coco es la base de su gastronomía y que se hablaba wari wari (inglés criollo). Pero también de Joseph Brown, conocido en la isla como Calipso Joe, el cual en ese momento hizo su entrada con mucho estilo: lentes oscuros y guitarra en mano, y agregó al ambiente las contagiosas melodías del calipso. ¡Todo un rock star!

Recordé el festival al que había asistido a principios de enero, en donde mencionaron que  ‘Bocas Town’  ha sido cuna de músicos de calipso, entre estos, Lord Cobra, quien llamaba  a Bocas del Toro: ‘Patois Town’, pero también del jazz, por tal razón, una de las calles principales en isla Colón lleva el nombre Luis Russel quien tras ganarse la lotería emigra a Nueva Orleans y logra ser el director de la orquesta musical de Louis Armstrong.

Con tanto vida al estilo isleño, los días pasan y se cumple la leyenda de las tres mentiras de Bocas Town: “Hoy no tomo, mañana me voy y te amo”.