Era la temporada seca,  época de los festivales culturales y artísticos en Panamá. En la tarima se presentaba un grupo musical llamado The Beachers, todos son músicos de la tercera edad provenientes de la provincia de Bocas del Toro, que tocan el contagioso calipso y otros ritmos tropicales. Sus camisas afroantillanas coloridas se agitaban mientras entonan sus éxitos, el público estaba al disfrute  del ritmo caribeño. Me encontraba en el último concierto del Panama Jazz Festival.

El final de este evento fue el inicio de mi viaje que buscaba conectar con el otro Panamá, porque hay mucho más conocer que el Canal y los Panama Papers.

Puedo agregar que uno de los mejores secretos de este país es que permite sentirse en muchas partes del mundo a la vez. 

Festival de Jazz de Panamá

Febrero  2017 – En las calles panameñas se siente el fervor del carnaval que está pronto a comenzar; el sol arde en la Avenida Central, una peatonal histórica que fue la primera vía comercial importante de todo el país y que es parte del circuito del Panamá de antes que incluye el Casco Antiguo, la segunda ciudad fundada del país.

Es sábado y el movimiento es agitado, paralelo a la multitud de panameños que realizan sus compras: locales comerciales populares a lo largo de toda la avenida perteneciente a la comunidad hebrea, hindú, árabe, asiática y panameña.

La gente viene y va, y yo busco un espacio en medio del caótico paso. ¿Y la sonoridad? Por un lado, la canción de reggae del momento, porque carnaval, la fiesta más esperada de los panameños está a la vuelta de la esquina, y cuando es así, las emisoras de radio empiezan a poner una y otra vez el tema, logrando un efecto de eco: en la calle todos repiten la melodía, mientras que, por otro lado, los vendedores pregonan las gangas e invitan al comprador, venden frutas, lotería y otros productos, y como en Panamá al llegar el carnaval es sinónimo de liberación/escape y alegría, los jóvenes llevan los cortes de moda: rapados con diseños esculpidos y los cabellos pintados de todos los colores, mientras que algunas mujeres lucen su pelo trenzado, es la ruta del carnaval.

Si la observación es uno de los pasatiempos, aquí se puede pasar horas entreteniendo la vista…

Continuo mi recorrido en esta popular calzada —que turísticamente ofrece una experiencia real con los rostros de Panamá, y mientras camino repaso el pasado de este país al notar otro componente que pelea en contra del tiempo: las fachadas de los edificios o lo que queda, estas hablan del Panamá de antes, de la influencia española y francesa y de su bonanza— hasta llegar a la conocida bajada de “Salsipuedes”, (foto principal), en la que no hay manera de perderse. 

Este pasadizo estrecho convertido en mercado folclórico -mi favorito desde que soy pequeña-  en donde el único asalto es el carnaval de colores de la vestimenta típica y sus accesorios,  es donde compran los locales, y al final de este camino se puede llegar al Barrio Chino y a la Avenida B, otra calle entera repleta de comercios mayoristas dedicados al negocio del cumpleaños y cualquier celebración.

Decidí continuar….

Parada en el Parque de Santa, el de los viejitos que hablan de política, juegan al dominó y otros duermen, presté atención a un anuncio que me parece curioso, y que decía: “Se ponen dientes de oro”, aquí también encuentro el Café Coca Cola, una institución para los panameños y se añada otro elemento muy llamativo: un Diablo Rojo (así se le llamaba a los buses utilizados para el transporte público, ahora son muy pocos los que quedan).

Doy un par de pasos más, y, ya estoy adentro del Casco Antiguo, años atrás fue una zona roja, ahora es centro del turismo en la ciudad y es un sitio declarado Patrimonio mundial por la Unesco.

Una Postal de la Ave. Central de Panamá

El Casco Antiguo tiene varios encantos, todavía hay un ambiente nostálgico y sus residentes sentados en las bancas son referencia de un barrio autentico, esto también lo comprobé al ver en una esquina a un grupo de vecinos que celebraban, escuchaban salsa, vendían carne en palito y un clásico de la comida afropanameña, el Saus (patitas de cerdo con limón  y picante).

Pero también, caminar por sus estrechas vías es un sobresalto: balcones con veraneras, paredes con murales y grafitis con mensajes que dicen “Bórrame a besos” Y “Gobierno Laico” se conjugan entre las plazas, iglesias, casas y edificios con andamios y con los que están aún en espera dé… Y entre, la oferta de hoteles, restaurantes, bares, galerías de artes, tiendas de moda y artesanales, que favorece a todos los presupuestos.

Continua aquí: De la crónica Bocas del Toro: Encuentro con el calipso (II parte)

Observación: Este artículo fue escrito cuando no se habían iniciado las remodelaciones de Salsipuedes, por lo tanto es un homenaje a lo que fue.