Pasando Portobelo, se descubre Cacique ( y digo que se descubre, porque no tiene una señalización que te anuncie la entrada).

Cacique, es pequeño, si acaso hay 250 habitantes. El pueblo se encuentra al final de una carretera que en su recorrido es acompañada por una gran vegetación, manglares y una bahía en donde reposan veleros en todos los estilos y tamaños con sus banderas, éstas comunican su nacionalidad, lo cual me ha causado intriga, ya que pienso que vivir en el mar debe tener otro sentido, una cierta adicción para que sea considerado un estilo de vida para muchos. Y es parte de mi curiosidad las otras maneras de vivir.

De regreso a Cacique:

El poblado es tranquilo, se vive al ritmo del viento porque nunca deja de soplar, dicen que tiene un “microclima” especial. Sus casas coloridas, están de frente al arrecife y su vista panorámica se extiende a pequeñas islas, entre éstas Mamey.

Verde y azul, los colores de Panamá

Al ser un lugar cercano a la selva, se tiene la visita de osos perezosos, aves, insectos, y Muchos cangrejos (están por todas partes). Es un sitio en donde: “o llueve todo el día, o sale el sol y alumbra el mar”. “Es una naturaleza muy viva”.


El día que visitamos Cacique, había tormenta. Salimos en medio de un “aguacero”, así es como le dicen en Panamá cuando llueve fuerte, teníamos una reservación por Airbnb en la casa de Silvia. A pesar de la tormenta, ¡llegamos!

Era el atardecer. El momento justo antes de que empezar a sonar la sinfonía de insectos y otros animales nocturnos. Sin embargo logramos tener una hora para dar el pequeño tour por la casa, que es muy acogedora y sencilla, Silvia la decoró al estilo local, y me contó que trató de utilizar los materiales del lugar y hacerlo todo ellos mismos, y el pueblo.

Un rincón para observar los árboles, conversar o leer un libro
“Tu casa es mi casa”, dijo el cangrejo.

Caminando por los alrededores, visitamos la piscina natural que está enfrente de su propiedad, ésta piscina es un arrecife que en el momento no podíamos disntinguir muy bien porque el clima estaba avisando que seria una noche de lluvia, el cielo era nublado y soplaba mucha brisa. Aún así continuamos el recorrido entre los manglares hasta el pueblo, que es muy cerca, hasta llegar a la playa.

Al día siguiente, el sol se asomó y después de un desayuno y ver un oso perezoso, nos preparamos para ir de kayak, aquí es una recomendación hacerlo. Nos fuimos a conocer el “túnel del amor”, que es un paseo por un canal de manglares y que termina en otra piscina de agua cristalina.

Un fin de semana, lluvia, manglares, selva, animalitos en el pueblo de Cacique, que me hace pensar en una canción de reggae, podría ser Kingstown Town.