Las historias de las islas mágicas nos han acompañado a lo largo de nuestra vida, desde la literatura hasta el cine.

Y, sí, es cierto que las islas crean fascinación y son la inspiración de muchos artistas en todo el globo terráqueo.

En esta ocasión el tributo es para Taboga, una isla que llegó a ser la inspiración de Rogelio Sinán, autor panameño que le dedicó una de sus obras llamada: La Isla Mágica; pero también fue hogar temporal del pintor francés Paul Gauguin.

¿Qué me gusta de Taboga?
Debo decir que “la vida isleña” me parece romántica.
Vivir en una isla significa que el tiempo es acorde al mar: se depende de él para comer y transportarse. Se vive para bien y mal, aislado.

Todo el mundo se conoce.

Se convierte en un microcosmos muy particular. La gente es maravillosa, la comida refleja la personalidad de sus habitantes, y todo lo demás…

Amor a primera vista con la Isla de las Flores

Se acerca el barco al puerto y a lo lejos se puede ver las colinas en la que se asienta el pueblo; salta a la vista los colores y los botes que se contrastan con el azul del mar y arena.

A Taboga le llaman la Isla de las Flores porque en época de la estación seca, florecen las veraneras lo que le dan un toque encantador, y si estás en este momento, te puedes tomar las fotos más bonitas para los recuerdos y el instagram.

Es un destino poético, y poco a poco te vas enamorando de la isla al recorrer sus veredas en las que sientes un déjà vu .

Si eres de observar, te darás cuenta que cada casa posee un pequeño altar a su santa, pues en Taboga, al igual que en otros pueblos costeros, hay muchos devotos de la Virgen del Carmen, patrona de los pescadores.

La patrona de los pescadores de la isla.

También te gustará ver curiosidades como la “casa de las conchas del mar”.

Y puedes visitar el hogar de Rogelio Sinán.

¿Qué se puede hacer?

El pueblo de Taboga se puede recorrer caminando perfectamente, y las veredas te llevan a lugares como el Sendero la Cruz, para quienes gustan del senderismo. También puedes ir a la playa, a comer algo rico en sus restaurantes o simplemente buscar un lugar agradable para pasar el día.